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En la mayoría de organizaciones, la inteligencia artificial no entró por la puerta: se coló. La trajo alguien del equipo un día de mucho trabajo, porque era gratis y resolvía. Después la probó otra persona, y otra. Nadie la presentó en una reunión, nadie la aprobó en ningún órgano, y un día cualquiera resultó que ya formaba parte de la manera de trabajar. No es una historia de terror: es la historia normal. En nuestra encuesta de prospección en la economía social (septiembre de 2025, 45 entidades), el 84% ya usaba alguna herramienta de IA y casi la mitad la usaba de forma regular. Con criterios comunes escritos, casi ninguna.
_Mientras tanto, en Bruselas
Desde 2024, la Unión Europea cuenta con el Reglamento Europeo de IA (el AI Act), la primera norma integral del mundo sobre inteligencia artificial, con una idea de fondo sensata: cuantas más consecuencias puede tener un sistema sobre las personas, más obligaciones tiene quien lo desarrolla o lo usa. Hace unos días, el Reglamento (UE) 2026/1744 (el Digital Omnibus, que tanto titular ha generado) reordenó su calendario: las obligaciones para sistemas de alto riesgo se aplazan a 2027 y 2028, la alfabetización en IA se suaviza y las pymes ganan simplificaciones. Se ha contado como una marcha atrás de Europa, pero hay una pieza que no se movió: las obligaciones de transparencia, que entraron en vigor este 2 de agosto. Desde este fin de semana, cualquier organización tiene que avisar cuando alguien interactúa con una IA y no con una persona, marcar el contenido generado o manipulado, y etiquetar los deepfakes. Si publicáis contenido o tenéis un chat automatizado, esto ya os aplica. Y en la mayoría de entidades que conocemos, nadie se ha dado cuenta todavía.
_La pregunta que ninguna norma os va a hacer
Cumplir la transparencia es relativamente fácil (ahora vamos a ello). Lo difícil, y lo importante, son las preguntas que el calendario de Bruselas no responde, se aplace o no se aplace. Si usáis IA para redactar informes que hablan de personas en situación de vulnerabilidad, ¿qué datos están saliendo de la organización y adónde van? Si una herramienta redacta en minutos lo que antes llevaba días, ¿qué pasa con el trabajo y con el aprendizaje de quien hacía esa tarea, que era también su manera de formarse? ¿Cuánta agua y cuánta energía consume esa consulta que sale gratis? ¿Qué sesgos trae un modelo entrenado con textos de otros contextos cuando escribe sobre las personas con las que trabajáis? ¿Y qué pasará el día que esa herramienta gratuita cambie de precio o de condiciones, si toda vuestra operativa depende de ella?
No son preguntas para asustarse: son preguntas para hacérselas. Y aquí la economía social juega con ventaja, porque nada de esto nos pilla de nuevas. Estamos acostumbradas a ir más allá de lo que la norma pide, no por obligación sino por coherencia: preguntarnos por los impactos de lo que hacemos (en las personas, en el empleo, en el planeta) forma parte de nuestra manera de funcionar. La banca ética no nació de una ley, ni el comercio justo, ni el balance social. Con la IA es el mismo movimiento: aplicar la mirada que ya tenemos a una herramienta nueva. Lo que para otras organizaciones es papeleo de cumplimiento, para nosotras es seguir siendo quienes somos.
_Y esa mirada marca la diferencia
Avisar de que un texto se hizo con IA no es solo un trámite, es honestidad con las personas que os leen, y en un sector que vive de la confianza, eso vale más que cualquier sello. Decidir qué datos no salen nunca de la organización protege justo a quienes más lo necesitan. Y elegir herramientas con criterio (incluidas las libres y las europeas cuando encajan) es soberanía, la misma que defendemos en la energía o en las finanzas.
Cada entidad que reflexiona, debate y aprueba sus criterios en asamblea demuestra, además, que la tecnología se puede gobernar democráticamente, que no hay que elegir entre usarla y tener principios. Nosotras hemos preparado una guía completa para hacer ese recorrido, vamos a ponerla a prueba, junto a una red de referencia de la economía social para terminar de ajustarla, con la intención de facilitarla después de manera gratuita a toda la red: el conocimiento, cuanto más común, mejor.
_Por dónde empezar esta misma semana
Tres pasos que no necesitan presupuesto ni asesoría:
- Mirad dónde publicáis contenido hecho con ayuda de IA (memorias, redes sociales, boletines, respuestas automáticas) y decidid cómo lo vais a indicar. Una frase clara al pie basta; lo que ya no vale, desde este fin de semana, es dejarlo sin decir.
- Si tenéis un chatbot o respuestas automatizadas en la web, el correo o WhatsApp, comprobad que quien escribe sabe desde el primer mensaje que no habla con una persona.
- Haced una lista rápida, sin juzgar a nadie, de qué herramientas de IA se usan ya en el equipo y para qué. Es el punto de partida de cualquier decisión posterior, y suele ser el momento en que aparecen las sorpresas.
_Si queréis recorrer ese camino acompañadas
Nosotras trabajamos precisamente esa parte: la que la norma no resuelve. Del 7 al 9 de septiembre impartimos un curso intensivo de uso responsable de la IA en el que cada participante sale con el borrador de las normas de uso de su propia organización, y lo devolvemos comentado. Tenemos también un diagnóstico exprés que en menos de una semana os deja una foto clara de qué se está usando y con qué riesgo, y un acompañamiento completo para entidades que quieren llegar hasta una política de IA aprobada en asamblea. Todo con dos precios: uno estándar y una tarifa social para entidades de la economía social y el tercer sector de menos de 50 personas empleadas.
Podéis verlo en simbiotica.coop/ia-responsable o escribirnos a hola@simbiotica.coop y os enviamos un dosier más completo con otros servicios, y podéis contarnos sin compromiso qué encajaría con vuestro momento.
Para el detalle fino de lo que exige la transparencia, la Comisión Europea ha publicado unas preguntas frecuentes sobre el artículo 50 con casos prácticos, excepciones y régimen transitorio.
Nota de transparencia: la elaboración de esta entrada ha contado parcialmente con apoyo de herramientas de IA generativa. El texto generado por IA se ha reelaborado, editado y revisado manualmente y es responsabilidad de la autora.
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